Bienestar laboral
Bienestar laboral en empresas de temporada: el reto de la estacionalidad en Mallorca

Si tienes una empresa en Mallorca seguramente tu año no empieza en enero, empieza en primavera. Es cuando hoteles, restaurantes, comercios y empresas de servicios montan sus equipos a contrarreloj, con gente que viene por primera vez y gente que vuelve después de pasar unos meses fuera. Y en apenas unas semanas ese grupo que casi no se conoce tiene que funcionar como si llevara años trabajando junto.
Ese ritmo pasa factura, y la pregunta de cómo cuidar el bienestar laboral de un equipo que solo existe unos meses al año suele llegar tarde, muchas veces a mitad de agosto, cuando ya hay poco margen para hacer nada.
Una temporada vista desde dentro
Cada temporada tiene su propia historia y conviene conocerla, porque lo que necesita el equipo en mayo no tiene mucho que ver con lo que necesita en septiembre.
En mayo hay ilusión. Hay energía, ganas y bastante paciencia, y los errores se perdonan porque todo el mundo está aprendiendo. Lo curioso es que es justo en esas primeras semanas, casi sin que nadie se dé cuenta, cuando se decide cómo va a funcionar el equipo el resto del año: a quién se le pregunta cuando hay dudas, qué se tolera y hasta qué punto se ayudan unos a otros.
En julio la cosa cambia. La ocupación está al máximo, las jornadas se alargan y las horas extra dejan de ser algo puntual. Empiezan los roces, lo que en mayo se perdonaba ahora molesta y alguien suelta eso de "esto no se acaba nunca". Si no se ha preparado nada antes, aquí empieza el trabajo de bombero, apagando un fuego aquí y otro allá sin tiempo para darse cuenta de que muchos de esos incendios se podían haber evitado.
Agosto y septiembre son una prueba de resistencia. El cansancio ya no es solo físico y se nota en la paciencia, en el trato con el cliente y en cómo se hablan los compañeros entre ellos. Es cuando llegan las bajas y las salidas antes de tiempo, precisamente cuando más falta hace cada persona (si te interesa este tema, lo desarrollo en este artículo sobre cómo reducir el absentismo laboral).
Y después llega octubre. Baja la actividad, el equipo se despide y cada persona se va con una idea de lo que ha sido trabajar allí. Esa idea es la que acaba decidiendo si el año que viene querrá volver o no.
Lo que se pierde cuando alguien no vuelve
En una empresa de temporada que una persona repita vale oro. Ya conoce la casa, sabe cómo funcionan las cosas, no hay que formarla desde cero y además ayuda a que los nuevos se integren antes. Por decirlo de alguna forma, es la memoria del equipo.
Cuando no vuelve no se trata solo de buscar a otra persona. Se pierden semanas de formación, se arranca la temporada más lento y se pierde a alguien que transmitía la cultura de la empresa sin necesidad de explicarla.
Algo que veo mucho en las organizaciones con las que trabajo es que la rotación se ha normalizado. En un centro en el que estuve trabajando con más de diez equipos me repetían todos lo mismo, "aquí la gente llega y no dura nada". Pero que algo sea común no significa que sea normal, y cuando se da por hecho que la gente se va, lo que se hace es tapar agujeros, que es pan para hoy y hambre para mañana.
Además nadie se va de la noche a la mañana. La decisión de no volver no suele tomarse en octubre, se toma mucho antes, muchas veces en julio, el día en que alguien sintió que a nadie le importaba lo que estaba aguantando.
Preguntar a tiempo
Hay un detalle que parece menor y que marca mucha diferencia, y es el momento en el que le preguntas a tu equipo cómo está.
Si haces una encuesta de clima en mayo te va a salir que todo va bien, porque en mayo todo va bien. Si la haces en octubre te va a contar cosas que ya no tienen arreglo, porque para entonces el equipo se ha ido. Así que ninguna de las dos te sirve, por sí sola, para actuar a tiempo.
Por eso yo recomiendo medir varias veces a lo largo del año, con preguntas sencillas y siempre las mismas para poder compararlas: al empezar, a mitad de temporada y al cerrar. De esta forma puedes ver cómo avanza el desgaste mientras está pasando y no cuando ya ha dejado huella.
Cuidar al equipo antes de que haga falta
Lo que marca la diferencia en una empresa de temporada no pasa en agosto, pasa bastante antes.
Empieza por la acogida. Cuando alguien llega y tiene una persona de referencia a la que preguntar, se integra antes, se equivoca menos y entiende desde el primer día cómo se trabaja allí. Poner a alguien a trabajar sin ese acompañamiento es como mandar a un bombero a apagar un incendio en un rascacielos cuando ni siquiera sabe cómo se sube la escalera. Son unas pocas horas al principio que se notan durante meses.
Hay empresas que aprovechan ese arranque para reunir a toda la plantilla en una jornada de bienvenida. Si lo haces, que no se quede en un discurso de la dirección. Una conferencia de arranque de temporada bien planteada ayuda a que el equipo empiece compartiendo la misma idea de cómo se quiere trabajar.
Luego están los responsables de cada área, que son quienes sostienen al equipo cuando aprieta la presión. Muchos han llegado a ese puesto porque eran muy buenos en su trabajo, no porque alguien les enseñara a liderar a otras personas. Darles herramientas para repartir la carga, dar feedback o acompañar a alguien que está al límite es de las decisiones con más impacto que puede tomar una dirección, y es justo el tipo de formación para equipos y líderes que mejor funciona antes de que empiece la temporada.
Durante los meses fuertes lo importante es que el desgaste no pase desapercibido. Respetar los días libres, repartir el trabajo con cabeza, reconocer el esfuerzo en el día a día y tener claro qué hacer cuando alguien ya no puede más. Para eso no hace falta montar un gran programa, basta con que alguien esté pendiente.
Y al cerrar la temporada, una conversación con cada persona te va a dar información que no te da ninguna encuesta, como qué le ha costado más o qué necesitaría para querer volver. Si además mantienes el contacto durante el invierno con la gente que quieres recuperar, la siguiente temporada empieza con ventaja.
Un plan que no empiece de cero cada año
El mayor riesgo que veo en la estacionalidad es improvisar el bienestar cada primavera como si fuera la primera vez. Lo que se aprendió el año anterior se olvida, no se comparan los datos y los mismos problemas vuelven a aparecer en las mismas fechas.
Las empresas que mejor llevan la temporada son las que tienen una estrategia que sigue de un año a otro, que acumulan lo aprendido y que aprovechan los meses tranquilos para revisar con calma lo que ha pasado.
Muchas no tienen un departamento de personas que pueda dedicarle tiempo a todo esto. En esos casos puede tener mucho sentido contar con una dirección externa de bienestar que acompañe a la dirección durante todo el año, también en invierno, que al final es cuando se prepara todo lo demás.
Y si quieres empezar por ver cómo está ahora mismo tu equipo, puedes hacer el test gratuito de salud organizacional. Te lleva tres minutos y te puede ayudar a ver dónde poner el foco antes de la próxima temporada.


